Diogenes Taborda llego de Concoria, Entre Rios



Llego de Concordia, Entre Ríos en el año 1911. Componían su equipaje unos cartones trabajosamente dibujados y unas ansias inmensas de triunfar. Dos ojos vivaces iluminaban su rostro cetrino, que decían a las claras de su afán. Aquel muchacho entrerriano, de físico esmirriado y comunicativa simpatía se llamaba Diógenes Taborda. Pronto comenzaron a esfumarse sus sueños, tras el peregrinaje obligado en las redacciones de diarios y revistas, que se cerraban a su paso, tras una sonrisa irónica, con aquello de "no tenemos espacio por ahora" y otros pretextos por el estilo, que encubrían en realidad, el rechazo a sus dibujos.La peña de los consagrados de la época, Juan Carlos Alonso (luego director de "Caras y Caretas"), Alejandro Sirio, que incursionaba con acierto en el dibujo humorístico, el conocido ilustrador chileno Málaga Grenet y don Mario Zavattaro, entre otros, alentaron al "mono"Taborda, en los difíciles momentos iniciales. Este, con esa bonhomía que nunca lo abandonara intuía su triunfo. Mientras tanto, observaba el ambiente porteño, pulsando sus inquietudes, adentrándose en sus modismos y costumbres. La ansiada oportunidad llegó cierta tarde, al establecer contacto con don Natalio Botana, director de "Critica". Periodista sagaz, percibió cabalmente el talento de Taborda. Y desde entonces, fueron indisolubles, el humorismo del "mono" Taborda y el creciente arraigo de "Crítica". No se concebía al diario sin los dibujos del gran satírico; tanto se habían identificado los lectores con su arte pintoresco y popular, fruto de la observación directa, sin maldad, ocurrente, frecuentemente intencionado en un gesto o una actitud, como también los sucesos de palpitante actualidad, tanto nacional como extranjera. Al respecto, recordamos que una caricatura de Taborda, aludía a la situación militar de un país amigo. Su publicación provocó un serio incidente internacional, felizmente conjurado, gracias a la activa intervención de nuestra cancillería.El encumbramiento artístico de Taborda, no modificó su vivir de bohemio impenitente, toda bondad y desinterés. No había festival o acto benéfico que no contara con su presencia. En uno de ellos, por rara casualidad,-quizás por primera vez en su vida-.Taborda llegó a la hora convenida. Nadie lo aguardaba tan temprano. Su premura por llegar, le había impedido cenar. Luego de la función, se sirvió una copa de cerveza, que el popular dibujante ni probo. Y cuando la concurrencia gritó: "¡Que brinde Taborda! ¡hable!"- el "mono", se levantó imperturbable y exclamó ante el asombro general: -No…. ¡Que coma!.....Otro rasgo saliente, era su gracia por dibujar los diferentes tipos de nacionalidades, tal como los veía en el público: "el italiano", "el ingles", "el judío", "el turco", "el alemán". Fue el primer maestro que tuvo el notable creador de "Paturuzu", Dante Quinterno y también de García Ramos, conocido actor teatral y cinematográfico. Aficionado al "turf", supo describir acertadamente, con su travieso lápiz, el mundillo que se agita dentro del popular deporte, con gracia e ironía insuperables, que incitaban a la carcajada ruidosa y espontánea. Así nacieron sus famosas "Hípicas".Pero la vida del "mono" Taborda, generosamente prodigada en noches de bohemia, se tronchó en plena juventud, en la provincia de Mendoza, el 3 de junio de 1926, victima de una larga y penosa dolencia.Todo Buenos Aires lloró a su ídolo y la ciudad que él conquistara tras ardua lucha con la gracia cotidiana de su ingenio, testimonió su gratitud, en una calle que lleva su nombre, a la altura de Caseros al 3.400, en el barrio de Parque Patricios que, como tantos otros barrios porteños, fue fielmente reflejado en los dibujos de Taborda, que puede señalarse, pese a lo simple de su técnica, como uno de los maestros del humorismo gráfico argentino.
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